Volvemos a hablar de cine en Fuera de Campo, que ya tocaba, y lo hacemos gracias al único redactor al que el fútbol le importa tres pitos; un servidor.
Hoy vengo a confesar una de mis bajas pasiones: el cine basura. Como ya comenté en mi anterior entrada, soy co-creador y administrador de la web de humor Cinecutre.com, un portal sobre películas "malas" y, como tal, voy predicando allá por donde paso las bondades de la serie zeta, del cine casposo, cutre, chungo... Un comportamiento del que tampoco os vais a librar los lectores de este blog. Así que aquí vengo a presentaros mi nuevo proyecto, 1.001 películas que hay que ver después de morir.
Inspirado en un libro que ya todos conocemos, esta nueva y ambiciosísima empresa en la que me he embarcado, como es de suponer, persigue una meta muy contraria a la obra original, y es recopilar en un listado de BREVES RESEÑAS, un millar de películas absolutamente catastróficas en lo referente al talento de los autores y a la realización cinematográfica.
Pero ojo, porque el nombre del proyecto engaña. Y es que las películas que voy a reseñar, a pesar de ser auténticas bazofias, las recomiendo fervientemente a todo el mundo. Para que me entendáis mejor, sólo voy a listar largometrajes que supongan una fuente inagotable de risas y cachondeo a causa de su torpeza y pobreza de medios; de esos que con cerveza y unos cuantos amigos pueden convertirse en una experiencia inolvidable. Las cutradas aburridas (que las hay y me las he comido a patadas), que las vean y comenten otros...
Habrá películas que todo el mundo conoce, clásicos del cine caspa, grandes producciones fallidas, rarezas absolutas y casi desconocidas, cine casero...
Mi sueño sería editar todo esto en un libro, pero como eso es algo harto improbable, pues me conformo con sacarlo en este blog. ¿Realmente existen mil películas que merezcan figurar en una recopilación como ésta? Pues no lo sé, pero vayamos una por una hasta ver a dónde llegamos. Las primeras reseñas, en breve en Fuera de Campo.
Carlos Palencia
martes, 15 de marzo de 2011
jueves, 10 de marzo de 2011
Europa le viene grande al Milan
Ayer ví como una de mis ilusiones de esta temporada se evaporaba. El nuevo Milan de Allegri era eliminado de la Liga de Campeones tras no pasar del empate a cero ante el Tottenham en el estadio de White Hart Lane. Sin duda el encuentro demostró a todas luces que al conjunto lombardo puede que le de con lo que tiene para mandar en su campeonato doméstico, pero sin duda esta bastante verde en lo que a la elite del fútbol europeo se refiere. Europa y la Champions, exigen más de lo que este equipo puede ofrecer hoy por hoy.
Debo ser franco y reconozco que al inicio de esta campaña pensé que la entidad ‘rossoneri’ tendría en la antigua Copa de Europa una de sus mejores bazas en la temporada. La llegada de Ibrahimovic y Robinho, me hicieron creer que junto con Pato y un Ronaldinho ‘enchufado’, este equipo podía llegar lejos en Europa si su potencial ofensivo era complementado por el siempre talentoso Pirlo y una retaguardia ordenadita con el eterno Nesta a la cabeza. Estos ingredientes me parecieron suficientes para poder llegar lejos en un torneo corto, dada además la histórica habilidad de los conjuntos italianos en las eliminatorias a doble partido.
Sin embargo la eliminación de ayer, no sólo el hecho, sino la forma en que ocurrió, demostró que en este equipo se han hecho las cosas a medias. Es cierto que se ha acometido una renovación en la parte de arriba, máxime con la llegada de Cassano en diciembre y con la salida de un decepcionante Ronaldinho. Pero el problema del Milan esta sin duda en la sala de máquinas. Es obvio que un club que, después del Real Madrid, es el más laureado de la máxima competición del viejo continente, no puede tener tantas carencias en el centro del campo, allí donde se genera todo.
La dependencia que el Milan tiene del ya veterano Pirlo es más que alarmante, sobre todo si tenemos en cuenta que no hay relevo a la vista, y parece que en los despachos tampoco tienen de intención de hacerse un jugador que progresivamente pueda ir sustituyendo al centrocampista de Brescia. La presencia de Seedorf, (sobrado de calidad pero también de años), como maestro de ceremonias en el centro de la cancha sonó poco menos que a improvisación. El ex del Real Madrid ya no esta para estos trotes y las alternativas en el banquillo son inexistentes. Sin duda el gran Andrea el que otorga a lo suyos de un patrón de juego, sin él, el encefalograma del equipo se vuelve plano.
Las carencias creativas del equipo de Berlusconi, dejan sin efecto su pegada cuando un buen equipo como el Tottenham se pone delante. El ejercicio de impotencia de los de Allegri resulto hasta angustioso. Viajaban a Londres para voltear la eliminatoria y ni siquiera dieron sensación de poder marcar un gol. Por que en esto del fútbol no importan tanto los delanteros que pongas como las veces que esos mismos delanteros puedan tener el balón en situación de poder hacer daño. Ese el problema en este Milan, los intermediarios fallan y el equipo naufraga a expensas de que a cualquiera de los de arriba se le ocurra una genialidad que resuelva la papeleta. Puede que en una Serie A en clara decadencia esto sea suficiente, pero para la turné en Europa hacen falta nuevas alforjas.
Gustavo Hernández (Colaborador)
Debo ser franco y reconozco que al inicio de esta campaña pensé que la entidad ‘rossoneri’ tendría en la antigua Copa de Europa una de sus mejores bazas en la temporada. La llegada de Ibrahimovic y Robinho, me hicieron creer que junto con Pato y un Ronaldinho ‘enchufado’, este equipo podía llegar lejos en Europa si su potencial ofensivo era complementado por el siempre talentoso Pirlo y una retaguardia ordenadita con el eterno Nesta a la cabeza. Estos ingredientes me parecieron suficientes para poder llegar lejos en un torneo corto, dada además la histórica habilidad de los conjuntos italianos en las eliminatorias a doble partido.
Sin embargo la eliminación de ayer, no sólo el hecho, sino la forma en que ocurrió, demostró que en este equipo se han hecho las cosas a medias. Es cierto que se ha acometido una renovación en la parte de arriba, máxime con la llegada de Cassano en diciembre y con la salida de un decepcionante Ronaldinho. Pero el problema del Milan esta sin duda en la sala de máquinas. Es obvio que un club que, después del Real Madrid, es el más laureado de la máxima competición del viejo continente, no puede tener tantas carencias en el centro del campo, allí donde se genera todo.
La dependencia que el Milan tiene del ya veterano Pirlo es más que alarmante, sobre todo si tenemos en cuenta que no hay relevo a la vista, y parece que en los despachos tampoco tienen de intención de hacerse un jugador que progresivamente pueda ir sustituyendo al centrocampista de Brescia. La presencia de Seedorf, (sobrado de calidad pero también de años), como maestro de ceremonias en el centro de la cancha sonó poco menos que a improvisación. El ex del Real Madrid ya no esta para estos trotes y las alternativas en el banquillo son inexistentes. Sin duda el gran Andrea el que otorga a lo suyos de un patrón de juego, sin él, el encefalograma del equipo se vuelve plano.
Las carencias creativas del equipo de Berlusconi, dejan sin efecto su pegada cuando un buen equipo como el Tottenham se pone delante. El ejercicio de impotencia de los de Allegri resulto hasta angustioso. Viajaban a Londres para voltear la eliminatoria y ni siquiera dieron sensación de poder marcar un gol. Por que en esto del fútbol no importan tanto los delanteros que pongas como las veces que esos mismos delanteros puedan tener el balón en situación de poder hacer daño. Ese el problema en este Milan, los intermediarios fallan y el equipo naufraga a expensas de que a cualquiera de los de arriba se le ocurra una genialidad que resuelva la papeleta. Puede que en una Serie A en clara decadencia esto sea suficiente, pero para la turné en Europa hacen falta nuevas alforjas.
Gustavo Hernández (Colaborador)
Raúl, grande de Europa
Raúl ya está en los cuartos de la Champions League. Siete años después, consigue pasar la barrera de los octavos con el... Schalke. Lástima que haya sido a costa de un equipo español, el Valencia, que quizá sea superior en plantilla e historia, pero que en la eliminatoria ha dejado mucho que desear. Pero no quiero escribir sobre el Valencia, que para eso el lector puede leer infinidad de crónicas en los medios de comunicación. Hoy, quiero destacar a Raúl González, hoy "7" del Schalke, eterno "7" del Madrid.
Es encomiable lo de Raúl. A sus 33 años ha sido determinante en que el equipo alemán, su equipo, se haya clasificado para la siguiente fase. Su gol en Mestalla fue más que decisivo, y su afición, agradecida y rendida a sus pies, lo sabe. Muchos eran los que decían que era un "cojo" y un "acabado". Cierto que en Madrid ya no se le veía tan fresco, que le costaba más hacer lo que siempre hacía, y que los años no perdonan y el físico tampoco. Pudo quedarse en Chamartín cobrando el pastizal que ganaba (bien merecido, por cierto), pero prefirió, ya en el ocaso de su carrera, probar fortuna en otro fútbol, en otro país, empezar desde cero. La mayoría veían en él al típico futbolista a punto de jubilarse, que decide pegarse "la vida padre" en destinos exóticos como Qatar, donde se cobra mucho y se exige poco. Pero él aún se veía con fuerzas. Y se fue a Alemania, a la Bundesliga, un campeonato en auge, donde el futbol es cada vez más atractivo, donde cada vez mejores jugadores lo ven como un destino de lujo. Una liga fuerte, seria y competitiva, que fin de semana sí y otro también, llena los estadios. Ya nos gustaría en España o en Italia, tener los ambientes que tienen allí.
Se fue al Schalke, un club de la pequeña ciudad de Gelsenkirchen, al norte de Alemania, que el año pasado fue segundo. El Schalke es un equipo modesto en comparación con Bayern de Munich, Borussia Dortmund o Bayer Leverkusen; pero ahora se codea con los más grandes. Felix Magath debe estar muy satisfecho por haber apostado por un jugador consagrado y "de vuelta" como Raúl, que era y es un símbolo para los madridistas, pero que luzca la camiseta que luzca, se deja la piel en el campo. Están en la final de la Copa y entre los ocho mejores de Europa. Cierto que en Liga las cosas no van demasiado bien y están relativamente cerca del descenso, décimos a cinco puntos de la muerte. Pero que les pregunten a los aficionados si prefieren sufrir en liga y estar en unos cuartos de Champions, y a un paso de un título como la Copa. Raúl, con sus más de 15 goles, ha puesto su granito de arena para que se consiga. Y es que el "7" es un ganador, que allá donde va transmite una sensación de tranquilidad, de coraje, de entereza, de lucha, de nunca rendirse. Transmite a sus compañeros un espíritu especial, que tenemos que ver aún si alguien puede suplir en el Madrid.
Y hablando del Madrid, sería de traca que si los blancos pasan su compromiso frente al Olympique, se las vieran con Raúl. Muy difícil se le haría al aficionado merengue ver a su ídolo con otra camiseta en el Bernabéu, y si encima éste marcara, cosa nada descartable, preveo suicidios en masa. Por el bien de Raúl y del Madrid, esperemos que ésto no se produzca, pero ya se sabe que el azar es caprichoso y traicionero. Raúl debe volver al Madrid, pero nunca como rival. Su club le espera tras esta interesante aventura teutona. Y en ese momento, se le dará el homenaje que merece. Porque como es lógico, Florentino Pérez no puede organizar un acto de despedida y agradecimiento por un jugador que sigue en activo. Será cuando el futbolista se retire, ya veremos cuándo, el día en el que reciba los máximos honores del club donde lo ha dado todo.
Tiene Raúl tres Champions, y parece que no se cansa. Cierto que el Schalke no es ni por asomo favorito para llevarse el título en Wembley, y sería un milagro que llegue a semifinales, pero cuidado, con el "7" en el campo, todo puede pasar.
Dani Medina
Es encomiable lo de Raúl. A sus 33 años ha sido determinante en que el equipo alemán, su equipo, se haya clasificado para la siguiente fase. Su gol en Mestalla fue más que decisivo, y su afición, agradecida y rendida a sus pies, lo sabe. Muchos eran los que decían que era un "cojo" y un "acabado". Cierto que en Madrid ya no se le veía tan fresco, que le costaba más hacer lo que siempre hacía, y que los años no perdonan y el físico tampoco. Pudo quedarse en Chamartín cobrando el pastizal que ganaba (bien merecido, por cierto), pero prefirió, ya en el ocaso de su carrera, probar fortuna en otro fútbol, en otro país, empezar desde cero. La mayoría veían en él al típico futbolista a punto de jubilarse, que decide pegarse "la vida padre" en destinos exóticos como Qatar, donde se cobra mucho y se exige poco. Pero él aún se veía con fuerzas. Y se fue a Alemania, a la Bundesliga, un campeonato en auge, donde el futbol es cada vez más atractivo, donde cada vez mejores jugadores lo ven como un destino de lujo. Una liga fuerte, seria y competitiva, que fin de semana sí y otro también, llena los estadios. Ya nos gustaría en España o en Italia, tener los ambientes que tienen allí.
Se fue al Schalke, un club de la pequeña ciudad de Gelsenkirchen, al norte de Alemania, que el año pasado fue segundo. El Schalke es un equipo modesto en comparación con Bayern de Munich, Borussia Dortmund o Bayer Leverkusen; pero ahora se codea con los más grandes. Felix Magath debe estar muy satisfecho por haber apostado por un jugador consagrado y "de vuelta" como Raúl, que era y es un símbolo para los madridistas, pero que luzca la camiseta que luzca, se deja la piel en el campo. Están en la final de la Copa y entre los ocho mejores de Europa. Cierto que en Liga las cosas no van demasiado bien y están relativamente cerca del descenso, décimos a cinco puntos de la muerte. Pero que les pregunten a los aficionados si prefieren sufrir en liga y estar en unos cuartos de Champions, y a un paso de un título como la Copa. Raúl, con sus más de 15 goles, ha puesto su granito de arena para que se consiga. Y es que el "7" es un ganador, que allá donde va transmite una sensación de tranquilidad, de coraje, de entereza, de lucha, de nunca rendirse. Transmite a sus compañeros un espíritu especial, que tenemos que ver aún si alguien puede suplir en el Madrid.
Y hablando del Madrid, sería de traca que si los blancos pasan su compromiso frente al Olympique, se las vieran con Raúl. Muy difícil se le haría al aficionado merengue ver a su ídolo con otra camiseta en el Bernabéu, y si encima éste marcara, cosa nada descartable, preveo suicidios en masa. Por el bien de Raúl y del Madrid, esperemos que ésto no se produzca, pero ya se sabe que el azar es caprichoso y traicionero. Raúl debe volver al Madrid, pero nunca como rival. Su club le espera tras esta interesante aventura teutona. Y en ese momento, se le dará el homenaje que merece. Porque como es lógico, Florentino Pérez no puede organizar un acto de despedida y agradecimiento por un jugador que sigue en activo. Será cuando el futbolista se retire, ya veremos cuándo, el día en el que reciba los máximos honores del club donde lo ha dado todo.
Tiene Raúl tres Champions, y parece que no se cansa. Cierto que el Schalke no es ni por asomo favorito para llevarse el título en Wembley, y sería un milagro que llegue a semifinales, pero cuidado, con el "7" en el campo, todo puede pasar.
Dani Medina
miércoles, 9 de marzo de 2011
Wenger, el rey desnudo
Damos la bienvendia en Fuera de campo a un nuevo colaborador, Gustavo Hernández. Periodista deportivo, amante del fútbol como pocos, hincha del Athletic y apasionado del cine.Es increíble la capacidad que tiene este Barça de Guardiola de, además de desarrollar el mejor fútbol del planeta, de batir todos los récords, de conseguir títulos por doquier y de asombrar incluso a los ayatolás del madridismo más recalcitrantes, es capaz de desvanecer y poner en evidencia mitos, que hasta la fecha parecían inquebrantables, casi axiomas aceptados por todos.
Este es el caso del siempre loado y tan cacareado técnico del Arsenal, Arsene Wenger, ese tipo francés, supuesto paradigma de la elegancia, tanto en su idea del fútbol, como en su modo de llevarlo a cabo, así como en su manera de actuar fuera de los banquillos. Pues bien, esto que hasta anoche era algo que cualquier aficionado aceptaba sin más, quedó desbaratado tras un partido en el que el avasallante Barcelona destapó las vergüenzas de un entrenador que lleva más de una década engañando a la opinión pública, así como a los profesionales de la información deportiva, comentaristas y opinólogos en general.
El primer mito que rodea al entrenador del Arsenal y que se vino abajó ayer en el Camp Nou, fue el de que este señor de Estrasburgo entiende esto del balompié como un juego en el que el ataque es la mejor defensa, y en el que el buen trato al balón y la búsqueda constante del gol son el camino más corto para la victoria. Para sorpresa de muchos ‘wengerfilos’, el cuadro londinense apareció ayer como un equipo de segunda fila que ingresaba en el coliseo blaugrana como lo hacían los cristianos en el circo romano, es decir, con la intención de esperar un milagro que les hiciera salir vivos de allí.
El planteamiento del bueno de Arsene, lejos de acreditarle como un amante del fútbol total, dejó a las claras que se trata de un entrenador como cualquier otro, que se caga en el Nou Camp esperando que una epidemia en el vestuario del Barça antes del partido, le libre de los Iniesta, Messi, Pedro, Xavi, Villa etc..; para así tener alguna posibilidad. Si muchos pensaban que Wenger podría ser el espejo en el que se mirarse Pep, el partido ante el Barcelona concluyó con la sensación de que el preparador ‘gunner’ fue una mala copia de Mourinho. El Arsenal quiso copiar el planteamiento ultradefensivo conocido como ‘airbus’, que tan buenos réditos dio al portugués en las semifinales del año pasado.
Por arte de magia, el paladín del buen gusto y la delicatessen balompédica, quedaba reducido a la hora de la verdad, a un burdo imitador del provocador ‘Mou’, conocido como es sabido por su elegancia y su aversión al fútbol rácano y barriobajero. La confirmación de que Mourinho es realmente el verdadero referente de Wenger la obtuvimos en rueda de prensa, cuando clamó contra el árbitro por la expulsión de Van Persie al más puro estilo del ‘special one’, es decir, queriendo tapar el Sol de la abrumadora superioridad barcelonista, con el dedo de una expulsión tan rigurosa como justa. Esa forma de ponerse la venda en los ojos para no ver lo minúsculo que había resultado su equipo en 170 de los 180 minutos de esta eliminatoria recordó a cualquiera de los ‘greatest heats’ del técnico de Setúbal. La respuesta de Guardiola no pudo ser un ejemplo más palmario de sinceridad, como el médico que le comunica a un paciente su enfermedad: “El Arsenal no ha dado tres pases seguidos”, declaró el de Sant Pedor. Además no tiro a puerta en todo el partido, añado yo.
Ayer Wenger quedó retratado sin duda como lo que es, un entrenador inflado por los medios de comunicación, un producto de marketing, que en su día enamoró al mismísimo Florentino Pérez con su aire de elegante intelectual parisino, eso sí, con menos Copas de Europa, que el denostado Vicente del Bosque, algo más calvo y gordo. Sin duda ayer en Barcelona todos pudimos ver que como en el cuento, el rey estaba desnudo. Wenger se despojó (o mas bien le despojaron), de ese halo invisible de misticismo que casi le convertía en un gurú de un deporte, cuyo propósito al fin y al cabo es marcar más goles que el rival para levantar copas a final de año, algo que no consigue su equipo desde hace ya seis temporadas. Los fríos datos y su actitud en los momentos clave tumban la imagen de este técnico que debería dedicarse a dirigir la cantera de algún club, descubriendo talentos, que otros entrenadores con más arrojo y sapiencia sepan convertir en campeones y no en eternos aspirantes a todo, ganadores de nada, pero eso sí, eternamente aplaudidos.
Gustavo Hernández (Colaborador)
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