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miércoles, 6 de abril de 2011

LOS INSÓLITOS CICLOS DE CINE DE OSO III: Rodando en la cumbre

Películas de escalada y similares

Odio las alturas, sufro de un vértigo galopante. Por eso, siempre procuro evitarlas y jamás de los jamases me atrevería a lanzarme en paracaídas, hacer escalada, practicar puenting o realizar cualquier otra actividad que implique separarse demasiados metros de mi amado suelo.

Sin embargo, esa fobia no me impide disfrutar al máximo, siempre que sea a través de una película o de la televisión, de unas buenas vistas desde lo alto de una cumbre, algo que me fascina y sobrecoge. Ese es uno de los grandes alicientes del cine: proporciona al espectador experiencias que son de su agrado, pero que nunca podría llevar a cabo por falta de dinero, ganas, o, simplemente, huevos (como es mi caso). La fábrica de sueños lo llaman.

Esta película daría para un ciclo sobre automutilaciones en el cine, pero mejor dejamos ese tema para más adelante

En la pasada edición de los Oscar se habló mucho de 127 horas, la última película de Danny Boyle. Ello me ha hecho recordar algunos de los buenos momentos que me ha otorgado el cine en lo relativo a la escalada por cumbres montañosas. Voy a repasar esos instantes, junto a otros que aún no he tenido el gusto de experimentar. Ya sé que no es lo mismo ver la escalada en una pantalla que practicarla en vivo, pero amigos, algo es algo y yo, personalmente, me conformo.

Antes de proseguir, conviene indicar que soy un completo novato en lo relativo al alpinismo, por lo que no entiendo de sus técnicas y vericuetos y prefiero entretenerme con el paisaje y el potencial de este deporte para proporcionar momentos de tensión, angustia y épica. Mi principal objetivo es despertar el gusanillo, tanto propio como ajeno, por este tipo de películas.

Máximo espectáculo, mínimo realismo


En el cine de escalada, si es que existe como tal, hay dos claras vertientes. La primera, quizá más acusada, se centra en el espectáculo, enfocando la atención en la belleza e inmensidad del escenario donde se practica este deporte. La segunda, sin olvidar los paisajes y la majestuosidad de los mismos, prefiere buscar el realismo, reflejando con mayor o menor credibilidad el ejercicio de esta arriesgada disciplina. Comenzaré por el primer grupo, donde destaca un filme muy evidente: Máximo Riesgo. 


Esta película, que ya figura en el imaginario colectivo y se encuadra en la etapa dorada del cine 'stalloniano', proporcionó a toda una generación una de las secuencias más asfixiantes del cine de acción de los 90. Aquella en la que el protagonista trataba sin éxito de salvar a una compañera de caer al más grande y profundo de los vacíos, y que consiguió reflejar la sensación de vértigo como pocas veces se había hecho en la gran pantalla. Para un servidor, probablemente constituya el más terrorífico fallecimiento imaginable. Como curiosidad, este momento fue parodiado con bastante tino al comienzo de Ace Ventura 2.



A pesar de lo efectiva que resulta esta secuencia, como ya dije previamente, el realismo no es una de las bazas de Máximo Riesgo, sino que lo que prima es el puro espectáculo. La escalada y la montaña son una excusa para dotar a la película de un entorno exótico y peligroso, que además permita desarrollar originales y aparatosas escenas de acción y tensión, algo que se logra con nota.


En un tono casi idéntico aunque con resultados muy inferiores, se halla la solvente Límite Vertical, otra cinta nuy conocida dentro del cine montañero y que tampoco conviene tomarse muy en serio, porque eso puede provocar la risa. Denostadísima por los aficionados a la escalada más puristas, la obra constituye un eficiente divertimento de casi dos horas, repleto de asombrosos paisajes, caídas estremecedoras y absurdeces varias. El guión es pobre y fantasioso, pero queda disimulado por el impacto visual de las imágenes.


Pero el colmo en lo relativo a la ausencia de realismo se lo lleva la siempre por delante Mission Impossible 2, con esa escena en las Montañas Rocosas, donde Ethan Hunt escala directamente a pelo, sin arneses, cuerdas ni nada remotamente parecido, en lo que podría ser la mayor fantasmada jamás filmada. Cuenta la leyenda que al director John Woo se le subieron los testículos hasta la garganta cuando Tom Cruise decidió realizar él mismo y sin dobles (eso es lo que afirma el actor...), un peligrosísimo salto entre dos rocas salientes, ayudado, eso sí, por un cable muy bien escondido.

Más allá de Ethan Hunt e hilando finísimo, otro agente secreto que se ha atrevido a conquistar cumbres ha sido James Bond, quien se enfundó el equipo de nieve para llegar hasta la base de Blofeld, situada en los Alpes suizos. Lo hizo en 007 Al servicio secreto de su majestad, aquella entrega en la que el guaperas del MI6 está interpretado por un orejón sin carisma que, afortunadamente, no repitió el papel y tuvo que conformarse con participar en alguna que otra entrega de Emanuelle. 

Al menos, nos regaló una de las secuencias más trepidantes y recordadas de toda la saga bondiana. Es esa persecución que también implica a las alturas y en la que el glamouroso espía huye de sus perseguidores haciendo gala de sus habilidades como esquiador. Realmente, Bond nunca llega a practicar el deporte de la escalada en este filme, aunque sí lo hace uno de sus compañeros, aquel que intenta entregarle una mochila y que sufre un destino desafortunado. Por cierto que el mujeriego agente también se encaramó a otra montaña en la secuencia inicial de Alta Tensión. 


Pero la más legendaria persecución por las alturas, con escalada a la inversa incluida, es probablemente la que llevan a cabo Cary Grant y Eva Marie Saint en el monte Rushmore, durante los minutos finales de Con La Muerte en los Talones. Una secuencia tan influyente y recordada, que incluso Álex de la Iglesia se permitió el lujo de homenajear recientemente en su Balada Triste de Trompeta, cambiando las caras de los presidentes norteamericanos por las cruces patrias del Valle de los Caídos.



Sin embargo, he venido a escribir sobre el deporte del alpinismo, así que volveré al tema. Siguiendo en el género de la acción, igualmente hay que detenerse en Licencia para Matar, la cuarta incursión de Clint Eastwood en la dirección. Según se dice, el veterano cineasta llegó a arriesgar su propia vida en alguna que otra secuencia, sobre todo en la escena final. La película está considerada una de sus obras más flojas, pero no puedo opinar porque todavía no he tenido el placer de catarla.


Recreaciones más veraces


Abandonando el espectáculo puro y duro, el alpinismo realista también ha tenido su hueco en el cine.
Uno de los primeros intentos en este sentido, si exceptuamos los primeros documentales que se filmaron sobre el tema, fue La Montaña Trágica, cinta menor con Glenn Ford que ha quedado un tanto desfasada con el paso del tiempo. En una línea similar, aunque con una trama más elaborada, se halla Montaña Siniestra, un filme al que el transcurso de los años parece haber tratado mucho mejor y que, aun con sus fondos superpuestos, ofrece imágenes de gran calado e impacto.


Otra recración veraz del alpinismo la encontramos en Siete años el Tíbet, también conocida como Siete Años en el Cine, por su exagerada duración y el sopor que provoca. Inspirada en hechos reales vividos por el escalador Heinrich Harrer, la escalada no es ni de lejos el tema principal del filme, pero en esta cuidada aunque insípida película, es difícil rememorar otra cosa que no sean los escasos momentos de ascenso montañoso protagonizados por Brad Pitt.




No obstante, si se quiere hablar de verdaderas películas de escalada, entonces hay que reseñar la muy documentada Grito de Piedra de Werner Herzog. Su realismo, situado muy por encima de la media, es algo que que los fanáticos del deporte de los piolets y las polainas han sabido apreciar, hasta elevarla a la categoría de cinta de culto.

 
Con tendencias comunes a las del filme de Herzog en lo referente al realismo, se encuentran obras más recientes y muy recomendadas por los adeptos a este deporte, como la alemana y prestigiosa North Face, o la surcoreana Bingwoo. Esta última proviene precisamente de un país donde el alpinismo cuenta con muchos seguidores, por lo que no es de extrañar una fiel traslación cinematográfica de esta práctica.



Volviendo atrás en el tiempo se localizan otras dos obras con valoraciones positivas como K2 y Cinco días, un verano. La primera es una epopeya de superación donde Michael Biehn y Matt Craven se empeñan en dominar la célebre montaña y que está inspirada en una obra de teatro de mismo nombre. Resalta, como no podía ser menos, por su trabajada fotografía. La segunda cinta, por el contrario, es un drama incestuoso en el que Sean Connery, frustrado en sus ambiciones sexuales hacia su sobrina, busca desahogarse con el ascenso a uno de los picos más altos de los Alpes suizos.

Mucho por escalar



Al alpinsmo todavía le queda mucho por "escalar" en el cine. Es la conclusión a la que uno llega cuando alcanza la cima de este texto (o mejor dicho, pie), y se da cuenta de que apenas hay películas donde elegir. Además, tampoco hay filmes que estén catalogados como obras maestras indiscutibles, si olvidamos el ámbito del cine documental, donde sí se han conseguido grabar cintas aclamadísimas como Touching The Void, que muchos catalogan como el mejor y más perfecto reflejo del alpinismo en celuloide.

Es una situación extraña, si se tiene en cuenta la belleza de esta práctica y su potencial dramático, dos características que permitirían engendrar películas de gran carga visual y emocional. Entrando en la especulación, la causa fundamental de esta escasez puede que radique en el escenario. No es nada fácil rodar en un entorno montañoso y no parece que haya muchos cineastas dispuestos a hacerlo y asumir los riesgos que conlleva.

Sin embargo, este problema ya no debería ser tal, si atendemos a los recursos cinematográficos que existen actualmente y a los últimos avances en materia de efectos especiales. Es decir, que recrear una película en una cumbre montañosa y con resultados dignos, ya no requiere de grandes complicaciones.

No obstante, existe otra posible causa para la sequía de grandes películas montañeras. Y es que la escalada es una práctica tan espectacular, que a menudo los filmes centrados en este asunto se entretienen demasiado con el escenario y se olvidan de la historia. Se ha visto en varios ejemplos mentados en el artículo.

Estando así las cosas, y superado el problema del entorno, ya no hay excusas para que la fábrica de sueños nos proporcione muchas y grandes películas sobre alpinistas. Ahora sólo toca aguardar y albegar la esperanza de que el reciente éxito de 127 horas haga más corta la espera. Y si lo que nos llega lo hace en 3D, pues bienvenido sea. Mirad por donde, el alpinismo sí que sería una buena excusa para utilizar la tan desaprovechadísima tercera dimensión. A ver si los grandes estudios se dan cuenta, porque lo tienen a huevo...

Carlos Palencia

miércoles, 23 de febrero de 2011

LOS INSÓLITOS CICLOS DE CINE DE OSO II: Deportes de mentira

Rollerbal y otros

Decía en mi anterior entrada que el fútbol y el cine, salvo honrosas excepciones, no han sabido entenderse del todo. Por eso, apenas se hallan verdaderas grandes películas sobre este deporte que tantas pasiones levanta. Sin embargo, no ocurre así con otras disciplinas. Es más, las películas y el deporte en general, siempre se han llevado muy bien. Hay cientos de ejemplos para demostrarlo, hasta el punto de que podría hablarse de la existencia de un subgénero cinematográfico de tipo deportivo, donde conviven toda clase de pautas comunes y tópicos.

Y a través de esa relación tan positiva, el cine incluso se ha atrevido a fantasear con el deporte, llegando a crear disciplinas de nuevo cuño, que han hecho soñar a miles de espectadores. De eso es de lo que vengo a hablar hoy, de deportes ficticios mostrados en la gran pantalla, los cuales, muy posiblemente, jamás se convertirán en una realidad, por mucho que les pese a algunos.


Si hay que empezar por un título, ése es Rollerball. Y no me refiero al malogrado filme de John Mctiernan, sino al clásico de Norman Jewison que protagonizó James Caan en 1975. El futurista y brutal deporte que da nombre a la película es algo así como el juego definitivo y el perfecto reflejo de una civilización decadente. Una disciplina en la que el fútbol americano, el hockey y las motos se dan la mano, sólo puede ser una apuesta ganadora, de cara a crear emoción y espectáculo. Y así ocurre con el propio filme, una película ganadora que se destapa como un dignísimo divertimento con grandes dosis de crítica social.

Siguiendo con los deportes de equipo, podría detenerme, por ejemplo, en Baseketball, filme pequeño y menospreciado, de los creadores de South Park y que me despierta altas simpatías. Se trata de otra película en la que un deporte falso es el objeto principal de la trama. En esta ocasión, y como sugiere su nombre, el "baseketball" es una fusión entre baloncesto y béisbol, por incoherente que parezca esta unión. Aún así, surge una disciplina totalmente plausible y realista, a pesar de las absurdas normas que la rigen.

Entre sus características, destacan los psicofallos, unas jugarretas amparadas en el reglamento, con las que se puede despistar al contrario para que falle el lanzamiento de una canasta y que son, sin duda, el gran descubrimiento del filme. Así, un psicofallo sería el equivalente al clásico "¡falla!" que se suele gritar al rival para que cometa un error (¿quién no lo ha hecho?), sólo que aquí está permitido travestirse, desnudarse, mentar a la madre del contrario y hacer todo tipo de guarradas. Para que os hagáis una idea, en el siguiente vídeo os muestro uno de los mejores psicofallos:



No tan ficticio es el dodgeball o balón prisionero, un deporte al que todos hemos jugado alguna vez y en el que se centra el filme Cuestión de pelotas. ¿Y por qué incluyo esta película en el reportaje? Pues porque en torno a este deporte tan minoritario, me consta que nunca se ha desarrollado una liga profesional con tantos medios y repercusión como la que se muestra en pantalla. Por lo demás, la cinta es una fallida gamberrada de Ben Stiller y compañía, bastante olvidable. Los únicos gags que funcionan son aquellos que involucran a invitados sorpresa, como David Hasselhoff o Chuck Norris. Tan prescindible que apenas recuerdo nada de ella.

Hasta aquí, las películas citadas se adscriben al antes mentado género deportivo (Rollerball quizá menos), siguiendo todas ellas una estructura común en la que los protagonistas van ascendiendo y consolidándose en sus respectivas carreras deportivas, a la vez que tratan de compaginar su ejercicio profesional con las dificultades de su vida personal.


Ya con el deporte ficiticio como elemento secundario de la trama y por tanto, fuera del género deportivo, una referencia imprescindible es el famoso quidditch. Este archiconocido deporte nació de la pluma de J.K. Rowling dentro de la saga literaria de Harry Potter y ha sido reflejado en la gran pantalla con resultados espectaculares. Incluso hay quien se ha atrevido a llevarlo a la práctica en el mundo real, aunque, evidentemente, sin escobas voladoras de por medio.



Una suerte de ¿rugby? en el aire, que, en opinión del que suscribe, cuenta con una normativa un tanto discutible y ridícula. Y es que mientras los miembros de cada equipo se "esloman" marcándose puntos los unos a los otros utilizando la pelota principal, dos jugadores llamados "buscadores" (uno por equipo) compiten tratando de dar caza a otro objeto esférico. Esa otra bola es la snitch, un balón mágico bastante escurridizo, que se pasea por el escenario a su libre albedrío. El buscador que atrape la snitch multiplica exponencialmente el marcador de su equipo, y el partido se acaba.

¿No resulta absurdo? Según esto, los esfuerzos del resto de jugadores no sirven prácticamente de nada cuando un buscador atrapa la snitch... Incomprensible. Si se quiere entender mejor este deporte, la propia J.K. Rowling sacó a la venta un libro donde se explican detalladamente la historia y las normas que lo rigen, titulado El quidditch a través de los tiempos. Sólo para fanáticos completistas.



Starship Troopers  mostró otro deporte del futuro, o más bien, la evolución del fútbol americano, donde se juega en un campo más reducido, las piruetas están a la orden del día y las protecciones se reducen prácticamente a un casco que ni siquiera cubre la cara. Entre los fans, este juego es conocido como Starship Football y sus señas de identidad son la violencia y contundencia de sus cargas y golpes, como no podía ser de otro modo en una película de Paul Verhoeven.



El mundo animal también posee sus propios deportes de ficción. Es lo que enseñó el filme Fantastic Mr Fox, donde los zorros, cuando no son molestados por las personas, desarrollan una vida no tan diferente de la nuestra. Esa vida incluye la práctica del Pegabate, un béisbol zorruno un tanto surrealista, el cual da lugar a un acertado gag, además de revelarse como vital para el desenlace de la trama. Como curiosidad, en el Pegabate, en lugar de una pelota, se utiliza una piña ardiendo y el bate es sustituido por una pala con pinchos. Ideal para practicarlo en la escuela.

Pero el deporte, igualmente puede ser de tipo individual y no tiene por qué involucrar a pelota alguna. Aquí es cuando se expande el abanico de largometrajes con disciplinas deportivas fantásticas.

Podría discutirse largo y tendido sobre si la competición mostrada en Perseguido (The Runnning Man), es un deporte o sólo un espectacular concurso, pero la normativa que lo rige y su ejecución, invitan a pensar que sí podría ser considerado como tal. En este juego, los afortunados participantes deben recorrer un escenario del tamaño de una ciudad, mientras son perseguidos por una galería de estrafalarios asesinos, a cada cual más carismático y original que el anterior, siendo este muestrario de psicópatas lo mejor del filme con diferencia.


Donde hay menos discusión sobre la naturaleza del ejercicio practicado es en el llamado "Trepando en busca de dólares", una variante de la escalada que proporciona uno de los momentos más divertidos de Perseguido. En este juego, los participantes deben subir una cuerda para llegar hasta un fajo de billetes. Pero el camino no será fácil, ya que tendrán que enfrentarse a todo tipo de trampas prácticamente imposibles de superar, en forma de dobermans hambrientos o gases corrosivos. Lo dicho, descojonante.


Asimismo, con la muerte como centro del espectáculo está el megatruño Deporte Mortal (Deathsport), producción setentera de Roger Corman y protagonizada por David Carradine, que se confirma como una descarada exploitation de Rollerball (el plagio del poster es de traca) con reminiscencias de La Carrera de la Muerte del año 2000. En esta infrapelícula se combinan las motos y las armas, con el objetivo de que los jugadores ejecuten a sus contrarios de la forma más salvaje imaginable. A pesar de mi debilidad por el cine-basura, aún no he disfrutado de esta delicatessen, pero tarde o temprano lo haré. Si deseáis más información, pasaros por aquí: http://yulifero.blogspot.com/2010/01/deportes-mortales-ping-paff-boum-bang.html

Llegados a este punto y habiendo nombrado obras como Perseguido, Rollerball o Deathsport, es importante señalar una característica común de los deportes futuristas: la brutalidad. Esa obsesión que tiene la ciencia ficción por mostrarnos el futuro como algo desolador, decadente y carente de moral, se traslada a las competiciones deportivas en forma de violencia, sangre e incluso muerte, en lo que sería un claro retroceso a los inicios de los espectáculos de masas, con los Juegos Romanos como principal referente. Espero que nunca se tenga que llegar a eso... O a lo que viene a continuación:






El jugger. Ehh...Un momento, ¡si ya se ha llegado! Por ahí he leído que este deporte, nacido en la película La sangre de los héroes, se juega hasta en España y además hay torneos y campeonatos bastante profesionalizados. Y si aún no ha salido en los periódicos, es porque quienes lo practican en la vida real lo hacen con armas de PVC, no como en el filme...

Tras el estreno de la película australiana que protagonizase Rutger Hauer en 1989, el jugger se comenzó a jugar en Alemania a comienzos de los noventa y desde allí, frikis de todas partes lo han ido extendiendo por el mundo. Su mecánica es sencilla y se basa en machacar a palazos al contrario, mientras se marcan goles con una pelota en forma de calavera. Enteraros de todo en la wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Jugger


Pero volvamos a los deportes individuales, que es en lo que estaba. Si se acepta The Running Man como un deporte, hay quien diría que lo mostrado en la japonesa Battle Royale también lo es. Pues sí, ¿por qué no? El battle royale es un juego de supervivencia donde se suelta a varios estudiantes en una isla, con la intención de que se maten los unos a los otros hasta que sólo quede uno con vida. Un instructivo juego de intenciones muy loables, ya que, según lo expuesto en la película, con el Battle Royale lo que se pretende es dar una lección a los jóvenes y corregir su vandálica actitud.

Si aceptamos tan disparatada propuesta, lo que se encuentra en este largometraje es un recomendable entretenimiento, que en algunas ocasiones pierde el norte, pero que merece la pena por las surrealistas situaciones que se van sucediendo y, sobre todo, por disfrutar de la incómoda presencia de un malnacido hijodeperra de pelo rojo que se las hace pasar putas a los participantes.


Con la caza considerada como deporte, también convendría hablar de la caza de humanos. Aquí es donde entran películas como El Malvado Zaroff o su posterior versión noventera Blanco Humano, aquel filme de Jean Claude Van Damme donde los cazadores son asesinos y la presa la constituyen vagabundos, veteranos de guerra acabados o el propio actor belga en busca de dinero fácil. Una cinta entretenida y solvente, en la que se me atraganta la aparatosa, aunque muy alabada, dirección de John Woo.

Sin abandonar la caza e hilando finísimo, se pueden mentar de pasada la costrosa Boa Vs Python, donde varios mercenarios pagan por atrapar a una serpiente modificada genéticamente y de desproporcionadas dimensiones, o Alien Vs Predator, en la que los depredadores organizan una competición en la Antártida, con la intención de matar a cuantos más aliens sea posible.

Las artes marciales son objeto de competiciones deportivas, así que en este artículo también cuentan los estilos de lucha que el cine ha ido inventando. Pero esto daría para una única entrada centrada en el tema, así que citaré los primeros ejemplos que se me vienen a la mente, como el arte marcial de los caballeros jedi de StarWars o la Gymkata del filme de mismo nombre, un remedo entre la gimnasia y el ¿karate? que sirvió como base a una película bastante risible, que contiene escenas como ésta:



No me olvido de otras competiciones de lucha como el Mortal Kombat, los múltiples torneos clandestinos aparecidos en las películas de mamporros de la Cannon (American Samurai y otras), el campeonato de la ciudad perdida de The Quest, o, esta sí que no podía faltar, la "Cúpula del Trueno", que tan bellos momentos nos otorgó en la a medias cojonuda y a medias insufrible Mad Max 3. Incluso se ha llegado a filmar wrestling entre especies extraterrestres, en la insólita y sumamente ochentera Arena: el ring de las estrellas.



Si hablo de carreras de ciencia ficción, que también constituyen un deporte, me puedo quedar escribiendo hasta el año que viene. Ahí van algunos destacados ejemplos, como las mortíferas carreras de Death Race 2000 y su remake Death Race, las cuádrigas futuristas, también conocidas como vainas, del defenestrado Episodio 1 de Starwars o las motos epilépticas de la saga TRON.

Me gustaría hablar más detalladamente de Speed Racer, la psicodélica película de los hermanos Wachowski, que pone en pantalla unos coches capaces de pelear entre ellos (Car-fu lo llaman, y no es broma) y la cual fue menospreciada por el gran público, pero cuyo final, sumamente emotivo y tenso, me dejó sin aliento. A punto estuve de levantarme en el cine para jalear al protagonista y animarle en su gesta, como si estuviera asistiendo a la final de algún evento deportivo real de alto nivel. 

Y para acabar, que ya toca, una pregunta. ¿Los juegos de estrategia son deporte? El ajedrez está considerado como tal... Eso me permite hablar del curioso juego de mesa en el que C3PO y Chewbacca se enfrentan a bordo del Halcón Milenario en el primer episodio (¿o es el cuarto?) de la saga Starwars, y que casi le acarrea un irreparable disgusto al enervante androide de protocolo. Aunque por la forma en que se juega, con esos hologramas controlados por botones, casi parece más un videojuego que un deporte... Lo que nos trasladaría a la difícil cuestión sobre si los videojuegos podrían calificarse de deporte. Y si en esas estamos, entonces Gamer, de los creadores de Crank, debería ser recordada... Ya veis que podemos no acabar nunca. Lo dejaré en este punto.

Si habéis sido capaces de llegar hasta aquí, estaréis conmigo en que cine y deporte, como nadie pone en duda, son muy buenos amigos. Ambos constituyen grandes espectáculos que mueven a las masas y se han ido realimentando el uno al otro con el paso del tiempo. El cine ha proporcionado el gusto por nuevas disciplinas deportivas, así como reactivado el interés por otras ya existentes, y el deporte se ha servido de los avances en las técnicas cinematográficas de montaje y edición para sus retransmisiones en los medios, entre otras muchas cosas.

Cine y deporte han compartido descubrimientos y han progresado y mejorado juntos. Así ha sido siempre y así lo seguirá siendo, hasta que ambos, en algún momento inevitable del futuro, desaparezcan.

Carlos Palencia

sábado, 19 de febrero de 2011

LOS INSÓLITOS CICLOS DE CINE DE OSO I: Fútbol y cine



Fútbol y cine: ¿Una relación fallida?

Vamos con una entrada MUY EVIDENTE en un blog como éste: Flirteos destacados entre el fútbol y el cine. Para el que tenga interés y le apetezca ahondar en el asunto, voy a repasar algunas películas donde el deporte rey ha jugado un papel importante, a la vez que reflexiono sobre algunos de los porqués de esta relación tan poco fructífera. Reconozco que no he visto, ni mucho menos, todas las películas que reseño, pero sí que he tratado de informarme. Y atentos porque hay pelis para todos los gustos.


La primera que me viene a la cabeza, inevitablemente, es Evasión o Victoria, considerada por muchos como la mejor película de fútbol de la historia. Lo que tampoco es decir demasiado... Entendedme, es un buen largometraje, resulta entretenido y contiene buenas dosis de épica y emoción, pero no es precisamente una obra maestra. Esta cinta menor de John Huston está lastrada por los tópicos de su guión, y una cierta previsibilidad en su desarrollo, que hace que se quede a las puertas de ser algo verdaderamente grande. Aún así, es recomendable.



Esa ausencia de una película verdaderamente grande sobre el deporte que más adeptos tiene en el mundo es lo que llevó recientemente a la puesta en marcha de la trilogía Gol, un ambicioso proyecto cuyo fin era constituirse como la mayor epopeya futbolística jamás rodada (deseo expreso de algunos de sus responsables) . Sin embargo, se quedó a medio camino de conseguirlo y ni siquiera la trilogía fue concluida, ya que tras Gol 2, del español Jaume Collet Serra, no se ha vuelto a saber nada más de la saga. No obstante, ambas películas cuentan con un buen número de seguidores y cierta aceptación.


Deteniéndonos en España, y como no podía ser de otro modo en un país tan futbolero, tenemos unos cuantos ejemplos de pelis, sobre todo de los últimos años, que giran en torno al fútbol, como son El Portero, El Penalti más largo del mundo o la taquillera Días de Fútbol, donde, a mi parecer, el deporte rey era una mera excusa para poner en marcha gags de todo tipo y condición, muchos de ellos sobadísimos y metidos con calzador. Igualmente podría hablar de propagandísticos experimentos fallidos como Real: La Película, pero prefiero no hacer más leña del árbol caído, y menos aún cuando no he visto ese documental (desde aquí animo a Dimitri a escribir una reseña).

Otro país europeo donde el fútbol supone un importante componente social es Inglaterra y, como es de suponer, de allí han salido obras muy recomendables, entre las que destacan la simpática Quiero ser como Beckham, y otros títulos más recientes como Buscando a Eric de Ken Loach o Damend United de Tom Hopper, siendo este último, un largometraje del que se habla muy favorablemente y que algunos ya empiezan a calificar como el mejor filme rodado sobre el deporte de marras.



Y sin movernos de Europa, asimismo cabe señalar otra película de reciente éxito, como es la alemana Galatasaray-Depor, sobre una final de la champions league bastante accidentada. Marchándonos a Asia, hay una referencia fácil y que salta a primera vista: Shaolin Soccer a.k.a. Kung Fu Soccer del humorista chino Stephen Chow, posiblemente la mejor (y quizás la única) traslación que se ha hecho a la gran pantalla de las astracanadas que Oliver y Benji llevaban a cabo en la famosa serie de animación. Junto a Evasión o Victoria, y a riesgo de parecer que me hago el gracioso, la considero la mejor película de fútbol que he visto, aunque el realismo no sea su punto fuerte.

En lo que respecta a futbolistas que han flirteado con el cine, la cosa también está algo floja. El primero que acapara la atención es Vinnie Jones, que se ha labrado una prolífera carrera cinmetográfica, gracias al apoyo de Guy Ritchie, aunque últimamente se ha visto involucrado en bazofias de inmenso calibre, hasta el punto de actuar junto al inefable Steven Seagal en uno de sus filmes más lastimeros.

Otros futbolistas que se han paseado por delante de una cámara son Eric Cantoná, Pelé en la ya citada Evasión O Victoria, o parte de la plantilla del Madrid en la saga Torrente. Hablando de Guy Ritchie, no puedo evitar recordar aquella referencia directa a Abramovic en forma de mafioso ruso que aparece en Rocknrolla, siendo quizás una de las cosas más reseñables de un filme un tanto mediocre.


Si pensamos en el fútbol como elemento secundario o terciario de un filme, podría hilar muy fino, investigar, y empezar a largar una ristra inmensa de títulos donde haya referencias al balompié o personas practicando este deporte. Eso estaría de más, pero aún así, me quiero detener en un filme, por el impacto que me causó en su momento. Karate Kid. Aquí, el protagonista, Daniel San, en contra de lo que se estilaba (y estila) en el cine americano tradicional, compagina sus clases de karate con sus prácticas de fútbol. Incluso en una escena se puede ver a Ralph Macchio y Elizabeth Sue jugando a este deporte. Lo dicho, una excepción a destacar del cine palomitero de los 80.

Y hilando finísimo, podemos darnos cuenta de que el fútbol no tiene por qué estar presente de manera directa, sino que también puede hacerlo de forma implícita. Es lo que nos demostraron tanto Tom Cruise en la secuencia final de Mission Impossible 2, como Steven Seagal en Venganza ciega, donde ambos actores realizaban sendas rabonas con sus armas (pistola el primero, katana el segundo) para pillar por sorpresa a sus enemigos.


Ya en el terreno de las referencias bizarras e insólitas, se halla en el podio el gorro del betis que uno de los protagonista del filme Troll lleva en la cabeza al inicio del metraje. Sí, un puto gorro del betis. Y lo más probable es que ninguno de los responsables del filme fuera consciente del significado de ese sombrero... Un elemento más para añadir hilaridad a una cinta ya de por sí muy ridícula y risible, que además es, como su nombre indica, la precuela de la afamada Troll 2, mejor "peor película" de la historia para muchos, y sobre la que gira el documental Best Worse Movie.

Llegados a este punto, cabe preguntarse por qué no terminan de cuajar las películas sobre fútbol, siendo éste el deporte más afamado del mundo. ¿Será que es una disciplina poco cinematográfica? Es cierto que, a simple vista, carece de la espectacularidad y el impacto visual de otros deportes como el baloncesto o el fútbol americano (este es posiblemente el deporte que mejor se ha reflejado en la pantalla), pero bien filmado y con los planos adecuados, con el fútbol pueden lograrse resultados tan emocionantes como los conseguidos con otros deportes. Entonces, ¿dónde está el problema?

¿Acaso es la falta de buenas historias? Tampoco esto es cierto, ya que a poco que uno se ponga a pensar, se da cuenta de las interesantísimas historias que se podrían contar sobre este deporte: biografías de futbolistas, corrupción en grandes equipos, estafas multimillonarias... ¿Nadie piensa en el biopic de Maradona, por ejemplo?

Para un servidor, la explicación es más sencilla de lo que parece. El cine americano guía los gustos de la mayoría del público mundial. Es en Hollywood donde está la pasta y donde se ruedan las películas más influyentes. Y Estado Unidos no es precisamente un país donde el balompié haya cuajado. De ahí que las majors no se arriesguen a producir grandes películas sobre este fenómeno. La gran película sobre el mundo del fútbol, aún está por llegar. Y mucho me temo que sólo lo hará cuando Estados Unidos, con el paso del tiempo, caiga rendido ante este deporte

Los que quieran saber un poco más sobre el tema (yo la verdad es que no), pueden hacerse con una copia del libro Cine y Fútbol de Carlos Marañón, que profundiza sobre el asunto de una manera muy extensa y profundamente documentada. Seguro que a mis compañeros Dimitri y Norman les interesa.

Carlos Palencia