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miércoles, 2 de marzo de 2011

CINE DIFERENTE I: De prejuicios y bolsas

Qué fastidiosos son los prejuicios. Guían nuestras vidas, condicionan nuestras opiniones y siempre, siempre están presentes, incluso cuando no nos damos cuenta o tratamos de ocultarlos. Es más, la mayoría de nuestros prejuicios no seríamos capaces de reconocerlos. A mí me resulta algo preocupante y pienso a menudo en ello.

Comento todo esto con motivo del estreno de la nueva y absurda serie web que acabamos de sacar en Cinecutre.com (otra página para la que escribo y de la que soy webmaster), una obra que mi intuición me dice que no va a ser precisamente del gusto de la mayoría de lectores de este blog. 


Os diré de qué va: Trata de la vida de un superhéroe llamado Bolsaman (etjem), cuyo traje está hecho de bolsas de la compra (etjem, etjem) y su mayor enemigo se hace llamar Carritogirl. ¿Le daríais una oportunidad a una obra con semejante argumento o directamente pasaríais de ella? Probablemente lo segundo, ¿me equivoco? Además, seguro que muchos habéis pensado que algo así es estúpido, infantil, digno de un idiota y que no merece la más mínima atención. Entonces es cuando yo digo... ah, pero, ¿habéis visto la serie? ¿Cómo podéis estar seguros de ello?

Reconozcámoslo: en algún momento de nuestra vida, enterrar los prejuicios nos ha reportado sorprendentes satisfacciones. Una vez olvidé mis prejuicios y descubrí una joya llamada Bailar en la oscuridad, en otra ocasión también los desterré y aluciné con Exit Through The Gift Shop; actualmente traté de borrar mis prejuicios musicales y empecé a disfrutar de un grupo con el que jamás pensé que sintonizaría; Vetusta Morla. Y así infinidad de veces.

Luchar contra los prejuicios es difícil pero puede ser algo muy grato y, como ya he dicho, a todos nos ha reportado grandes momentos alguna vez. Esta puede ser una de esas ocasiones. Así que os invito a que hagáis un esfuerzo y tratéis de dejaros llevar por Bolsaman y sus aventuras, porque esconde mucha más ironía, genio y talento de los que su título y premisa puedan sugerir. Podéis ver el episodio piloto pinchando en el siguiente enlace:

http://www.cinecutre.com/index.php?modulo=portada&opc=2&id=983&seccion=3

O puede que sólo os esté prejuzgando (¿veis a los que me refería?) y que toda esta verborrea que he soltado no sea necesaria para conseguir nuevos fans de Bolsaman, que es el propósito real y evidente que esconde este post. Por lo tanto, me dejo de chorradas, olvido los prejuicios y a partir de aquí me limitaré a recomendaros esta magnífica serie y el que no quiera verla, que se la pique un pollo. ¡Él se lo pierde!

Carlos Palencia

sábado, 19 de febrero de 2011

LOS INSÓLITOS CICLOS DE CINE DE OSO I: Fútbol y cine



Fútbol y cine: ¿Una relación fallida?

Vamos con una entrada MUY EVIDENTE en un blog como éste: Flirteos destacados entre el fútbol y el cine. Para el que tenga interés y le apetezca ahondar en el asunto, voy a repasar algunas películas donde el deporte rey ha jugado un papel importante, a la vez que reflexiono sobre algunos de los porqués de esta relación tan poco fructífera. Reconozco que no he visto, ni mucho menos, todas las películas que reseño, pero sí que he tratado de informarme. Y atentos porque hay pelis para todos los gustos.


La primera que me viene a la cabeza, inevitablemente, es Evasión o Victoria, considerada por muchos como la mejor película de fútbol de la historia. Lo que tampoco es decir demasiado... Entendedme, es un buen largometraje, resulta entretenido y contiene buenas dosis de épica y emoción, pero no es precisamente una obra maestra. Esta cinta menor de John Huston está lastrada por los tópicos de su guión, y una cierta previsibilidad en su desarrollo, que hace que se quede a las puertas de ser algo verdaderamente grande. Aún así, es recomendable.



Esa ausencia de una película verdaderamente grande sobre el deporte que más adeptos tiene en el mundo es lo que llevó recientemente a la puesta en marcha de la trilogía Gol, un ambicioso proyecto cuyo fin era constituirse como la mayor epopeya futbolística jamás rodada (deseo expreso de algunos de sus responsables) . Sin embargo, se quedó a medio camino de conseguirlo y ni siquiera la trilogía fue concluida, ya que tras Gol 2, del español Jaume Collet Serra, no se ha vuelto a saber nada más de la saga. No obstante, ambas películas cuentan con un buen número de seguidores y cierta aceptación.


Deteniéndonos en España, y como no podía ser de otro modo en un país tan futbolero, tenemos unos cuantos ejemplos de pelis, sobre todo de los últimos años, que giran en torno al fútbol, como son El Portero, El Penalti más largo del mundo o la taquillera Días de Fútbol, donde, a mi parecer, el deporte rey era una mera excusa para poner en marcha gags de todo tipo y condición, muchos de ellos sobadísimos y metidos con calzador. Igualmente podría hablar de propagandísticos experimentos fallidos como Real: La Película, pero prefiero no hacer más leña del árbol caído, y menos aún cuando no he visto ese documental (desde aquí animo a Dimitri a escribir una reseña).

Otro país europeo donde el fútbol supone un importante componente social es Inglaterra y, como es de suponer, de allí han salido obras muy recomendables, entre las que destacan la simpática Quiero ser como Beckham, y otros títulos más recientes como Buscando a Eric de Ken Loach o Damend United de Tom Hopper, siendo este último, un largometraje del que se habla muy favorablemente y que algunos ya empiezan a calificar como el mejor filme rodado sobre el deporte de marras.



Y sin movernos de Europa, asimismo cabe señalar otra película de reciente éxito, como es la alemana Galatasaray-Depor, sobre una final de la champions league bastante accidentada. Marchándonos a Asia, hay una referencia fácil y que salta a primera vista: Shaolin Soccer a.k.a. Kung Fu Soccer del humorista chino Stephen Chow, posiblemente la mejor (y quizás la única) traslación que se ha hecho a la gran pantalla de las astracanadas que Oliver y Benji llevaban a cabo en la famosa serie de animación. Junto a Evasión o Victoria, y a riesgo de parecer que me hago el gracioso, la considero la mejor película de fútbol que he visto, aunque el realismo no sea su punto fuerte.

En lo que respecta a futbolistas que han flirteado con el cine, la cosa también está algo floja. El primero que acapara la atención es Vinnie Jones, que se ha labrado una prolífera carrera cinmetográfica, gracias al apoyo de Guy Ritchie, aunque últimamente se ha visto involucrado en bazofias de inmenso calibre, hasta el punto de actuar junto al inefable Steven Seagal en uno de sus filmes más lastimeros.

Otros futbolistas que se han paseado por delante de una cámara son Eric Cantoná, Pelé en la ya citada Evasión O Victoria, o parte de la plantilla del Madrid en la saga Torrente. Hablando de Guy Ritchie, no puedo evitar recordar aquella referencia directa a Abramovic en forma de mafioso ruso que aparece en Rocknrolla, siendo quizás una de las cosas más reseñables de un filme un tanto mediocre.


Si pensamos en el fútbol como elemento secundario o terciario de un filme, podría hilar muy fino, investigar, y empezar a largar una ristra inmensa de títulos donde haya referencias al balompié o personas practicando este deporte. Eso estaría de más, pero aún así, me quiero detener en un filme, por el impacto que me causó en su momento. Karate Kid. Aquí, el protagonista, Daniel San, en contra de lo que se estilaba (y estila) en el cine americano tradicional, compagina sus clases de karate con sus prácticas de fútbol. Incluso en una escena se puede ver a Ralph Macchio y Elizabeth Sue jugando a este deporte. Lo dicho, una excepción a destacar del cine palomitero de los 80.

Y hilando finísimo, podemos darnos cuenta de que el fútbol no tiene por qué estar presente de manera directa, sino que también puede hacerlo de forma implícita. Es lo que nos demostraron tanto Tom Cruise en la secuencia final de Mission Impossible 2, como Steven Seagal en Venganza ciega, donde ambos actores realizaban sendas rabonas con sus armas (pistola el primero, katana el segundo) para pillar por sorpresa a sus enemigos.


Ya en el terreno de las referencias bizarras e insólitas, se halla en el podio el gorro del betis que uno de los protagonista del filme Troll lleva en la cabeza al inicio del metraje. Sí, un puto gorro del betis. Y lo más probable es que ninguno de los responsables del filme fuera consciente del significado de ese sombrero... Un elemento más para añadir hilaridad a una cinta ya de por sí muy ridícula y risible, que además es, como su nombre indica, la precuela de la afamada Troll 2, mejor "peor película" de la historia para muchos, y sobre la que gira el documental Best Worse Movie.

Llegados a este punto, cabe preguntarse por qué no terminan de cuajar las películas sobre fútbol, siendo éste el deporte más afamado del mundo. ¿Será que es una disciplina poco cinematográfica? Es cierto que, a simple vista, carece de la espectacularidad y el impacto visual de otros deportes como el baloncesto o el fútbol americano (este es posiblemente el deporte que mejor se ha reflejado en la pantalla), pero bien filmado y con los planos adecuados, con el fútbol pueden lograrse resultados tan emocionantes como los conseguidos con otros deportes. Entonces, ¿dónde está el problema?

¿Acaso es la falta de buenas historias? Tampoco esto es cierto, ya que a poco que uno se ponga a pensar, se da cuenta de las interesantísimas historias que se podrían contar sobre este deporte: biografías de futbolistas, corrupción en grandes equipos, estafas multimillonarias... ¿Nadie piensa en el biopic de Maradona, por ejemplo?

Para un servidor, la explicación es más sencilla de lo que parece. El cine americano guía los gustos de la mayoría del público mundial. Es en Hollywood donde está la pasta y donde se ruedan las películas más influyentes. Y Estado Unidos no es precisamente un país donde el balompié haya cuajado. De ahí que las majors no se arriesguen a producir grandes películas sobre este fenómeno. La gran película sobre el mundo del fútbol, aún está por llegar. Y mucho me temo que sólo lo hará cuando Estados Unidos, con el paso del tiempo, caiga rendido ante este deporte

Los que quieran saber un poco más sobre el tema (yo la verdad es que no), pueden hacerse con una copia del libro Cine y Fútbol de Carlos Marañón, que profundiza sobre el asunto de una manera muy extensa y profundamente documentada. Seguro que a mis compañeros Dimitri y Norman les interesa.

Carlos Palencia

domingo, 13 de febrero de 2011

El Día G


Hoy es la gran fiesta del cine español. La etiqueta que, con los años, ha quedado adosada a la solapa de la Ceremonia de los Goya ha vuelto a relucir en los días previos a la que será la vigésimoquinta edición de entrega de estos galardones cinematográficos.

No soy capaz de asegurar si el año 2010 ha sido bueno o malo para la cinematografía de acá. En cuanto a cifras recaudatorias, lo podemos tildar de mediocre, y si nos centramos en la calidad de lo estrenado, no tengo bases para argumentar a favor o en contra. Sólo he visto dos de las cuatro películas más nominadas (Enterrado y Balada triste de trompeta, las otras son Pan negro y También la lluvia).

Aunque veré el acto de entrega, porque estas galas y yo vamos de la mano, siempre me he tomado un poco a chota estos premios, una pobre imitación de los Oscar cuya creación tardó mucho además en producirse (1987).

Uno tampoco acaba de entender qué tiene que ver nuestro maestro de la pintura con unos premios de cine. Supongo que se trataba de afianzar una identidad propia, apelando a nuestras raíces artísticas y dando lustre a unos premios ante los que la opinión pública ha mostrado desde siempre un interés mediano.

Desde mi punto de vista, el gran problema de los Goya es que siempre se han visto influidos por aspectos ajenos al puro cine. No se habla de películas y cineastas, sino que la ceremonia ha prevalecido como escenario de reivindicaciones políticas, culturales o económicas, según las circunstancias y los intereses.

La propia familia del cine patrio no respeta el que debería ser su día grande. No les ha temblado el pulso a la hora de desviar la atención en pos de otros asuntos, los que han llamado la atención de los miembros de más peso en el gremio, a los que les ha importado poco que la imagen de la estatuilla cabezona pudiera quedar mancillada.

Este año ha vuelto a suceder. Pese a que el ya ex presidente de la Academia de Cine Español, Álex de la Iglesia, estaba cuidando al detalle esta gala, añadiéndole un componente más llamativo en cuanto a su puesta en escena (de nuevo, influencias hollywoodienses), la ceremonia ha quedado marcada por el anuncio precipitado de su dimisión al oponerse a la Ley Sinde antidescargas.

El realizador vasco ha medido mal los tiempos para anunciar su marcha, con lo que ha conseguido condicionar el espectáculo que con tanto mimo estaba diseñando. Un componente ajeno volverá a marcar por completo la fiesta de una industria que arrastra otros problemas preocupantes que amenazan su presente y futuro.

También se ha dado el hecho cuestionable de que De la Iglesia haya logrado el mayor número de candidaturas para su película cuando aún ostentaba el máximo cargo de la institución que impulsa y organiza los Goya. Más susceptibilidades se han visto tocadas.

Si nos centramos en el cine puro y duro, debo decir que me llevé una gran sorpresa, por lo negativo, con Balada triste de trompeta. Las críticas tan favorables, y sus dos premios en Venecia (servidos por el peculiar Tarantino), me hicieron pensar en que De la Iglesia lo había bordado con esta historia, pese a partir de un argumento que podía caer en mil excesos.

Efectivamente, hay excesos en su película. Pero los problemas graves son otros. Parte de una metáfora muy pretenciosa (personificar las dos Españas a través de la figura de dos payasos de distinto carácter). La historia avanza a trompicones, no hay desarrollo narrativo más allá de estampas de hechos históricos (tan del gusto de la audiencia en los tiempos donde triunfa Cuéntame) y se sirve de personajes excesivos, interpretados histriónicamente, secundarios anodinos (todo el grupo de circenses), golpes de efecto violentos y gratuitos y de un humor burdo y facilón (typical spanish).

Ésta es la película más representada en las candidaturas, y yo siento que me he perdido algo, o que nos hemos vuelto todos locos. Sin embargo, creo que éste es el debate que debe imperar: valorar una película, recompensarla o no en la medida que los votantes lo estimen oportuno y olvidarnos de temas ajenos que nos distraigan de la celebración.

La competición en esta edición ha llegado muy igualada hasta su recta final, y no queda claro quién se alzará como ganador de los dos galardones más codiciados (película y director). Éste es uno de los pocos aspectos positivos que veo en los Goya: suele extenderse un amplio abanico para las sorpresas (como ocurrió con La vida secreta de las palabras y La soledad), aunque en términos globales siempre han terminado primando en el palmarés los productos comerciales frente a los de más alta estima artística.

La sombra de los Oscar sigue siendo alargada, y si se pretende dar a los Goya un carácter propio y ajeno a Hollywood, debería cumplirse una premisa tan básica como ésa: que el gran cine se vea recompensado. ¿Para qué pedir justicia para otros temas si en una simple gala de premios no somos capaces de ejercerla?