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sábado, 12 de mayo de 2012
La Europa League es del Atleti. ¿Y ahora qué?
martes, 13 de marzo de 2012
A propósito del "Cholismo"
Mi escepticismo era total cuando se anunció la llegada al banquillo atlético de Diego Pablo Simeone. El clan formado por Miguel Ángel Gil y Enrique Cerezo, probablemente con mucho pesar para sus bolsillos, decidió cesar a Gregorio Manzano después de un vulgar bagaje liguero y la eliminación en la Copa del Rey a manos de un 2ªB, el Albacete. La sensación de deriva colectiva de este club, un año más, era absoluta, pero siempre cabe la posibilidad de ir de mal en peor.Contagiados por ese desaliento que apenas insufla aire a las velas rojiblancas desde hace interminables campañas, la apuesta por el argentino como maestro y comandante del vestuario sonó a medida populista y evidente. Cualquier aficionado avispado podía imaginar que el “Cholo” iba a acabar, más pronto que tarde, en el Calderón pese a una trayectoria previa como entrenador (a caballo entre Italia y Argentina) corta y discreta.
Pasado un tiempo valorativo, el trabajo de Simeone está dejando una grata impresión, algo que, a buen seguro, habrá sorprendido a los responsables de aquella decisión y a esa parte de los seguidores rojiblancos no adscritos al “callismo” que ya no pasan una a sus dirigentes. Aquellos que creen que un Atlético de Madrid libre de malos gestores es posible y asocian la recuperación de la grandeza de antaño a un cataclismo paralelo en los despachos.
Y es que el desencanto viene de largo. Pese a la obtención en 2010 de la Europa League, la Supercopa de Europa y el subcampeonato de Copa, el triste noveno puesto de la clasificación de Liga aquel año se acercaba más a la realidad colchonera de los últimos lustros, caracterizada por la mediocridad y la falta de un proyecto madre. No era de recibo festejar demasiado un éxito con sabor a precariedad amasado en competiciones de eliminación directa frente a los vaivenes en el torneo de la regularidad, el que de verdad te mide y te dice con quién andas y quién eres.
El año comenzó con la marcha de Agüero, Forlán y De Gea. La pira. Se contrató a Manzano (que dejó al equipo séptimo en la temporada 2003-04) mirando de reojo la oportunidad de negocio con su representante, Manuel García Quilón. Gasolina. Hasta que la situación reventó con la eliminación en el torneo del K.O. y la derrota liguera en casa ante el Betis. La mecha. Más tiempo, inversión y expectativas reducidos a cenizas.
En estas que llegó Simeone. El buen recuerdo dejado en la memoria de la afición era un primer paso para allanar su retorno, aunque nada práctico, en principio. Con las medias puestas, el “Cholo” es recordado como un futbolista de corte destructivo que daba equilibrio al conjunto y aportaba espíritu de lucha. Un jugador que, sobre todo, se hizo indispensable en el vestuario por una cuestión: el liderazgo, tan necesario en todo grupo.
Cuando los ánimos estaban más bajos que nunca, el “Cholo” ha sido capaz de recuperar la mentalidad de los jugadores, las ganas de combatir y la entrega común. Esto que parece poco y algo a presuponer en cualquier escuadra representa todo un mundo en el caso atlético. El entrenador quiere ante todo compromiso, por lo que no le faltó tiempo para mostrarle al taciturno Reyes la puerta de salida del club.
Otro logro indiscutible del argentino ha sido dotar de consistencia defensiva a la zaga. Así lo demuestran los seis partidos consecutivos en Liga sin recibir un gol: Málaga, Villarreal, Real Sociedad, Osasuna, Valencia y Racing. En la Europa League se ha hecho un trabajo impecable con tres victorias seguidas (alcanzado la excelencia futbolística con aquel 1-3 en Roma frente a la Lazio) y, de momento, sólo ha encajado una derrota: ante el Barcelona.
Simeone ha repetido varias veces en rueda de prensa que prefiere jugar mal y ganar. La realidad es que el equipo no sólo no juega mal, sino que lleva el peso de los partidos, trenza jugadas, elabora y presiona como pocas veces se le ha visto en los últimos tiempos. Aunque el perfil en los banquillos del “Cholo” corra el riesgo de asociarse a su idiosincrasia como jugador, éste ha entendido que todo entrenador debe amoldarse a los futbolistas de los que dispone. El porteño pone a los mejores y deja hacer, una decisión no tan sencilla de tomar como parece y que se antoja a la altura del club al que representa.
El sistema del equipo parece consistente con puestos inalterables: Godín y Miranda son la pareja de centrales; Gabi maneja en el mediocentro; Diego es la pieza clave como enganche-cerebro en la mediapunta y Adrián y Falcao resuelven arriba. Es un plan. Tanto Quique Sánchez Flores como Manzano fueron incapaces en su momento de decantarse por una alineación tipo. Sus cambios en el once fueron innumerables.
Otro acierto loable ha sido la apuesta por Juanfran en el lateral derecho en detrimento del portugués Silvio. Hasta ahora, el ex de Osasuna ha respondido de maravilla tanto en defensa como en ataque. Su extraordinaria carrera en el minuto 90 del pasado domingo para dejar en bandeja el segundo gol a Falcao ante el Granada es sólo un ejemplo del gran rendimiento ofrecido en una demarcación nueva para él.
El balance de la trayectoria del técnico deberá hacerse a final de temporada. Entonces sacaremos conclusiones. Pero ante todo lo que se le exige al Atlético de Madrid es construir por fin un proyecto sólido y continuo con una cabeza visible al frente, una mentalidad, unos jugadores. Y, mientras tanto, que los inevitables dirigentes asomen la jeta lo menos posible.
Todo ello contribuirá a que los atléticos recuperen la añorada ilusión en pequeñas dosis.
jueves, 25 de agosto de 2011
Barato, Barato.
"Me lo quitan de las manos oigaaaaa, me lo quiiiitan de las manos".
Miguel Ángel Gil está que se sale. No tiene rival en el "mercadillo" futbolístico. "¡¡Hoy traigo cuarto de kilo de Forlán a 5 millones, 5 millones solamente!! ¡¡Señora no pierda la oportunidad de llevarse todo un Balón de Oro de un Mundial a su club!!"
Un Agüero por aquí, un De Gea por allá, Ujfalusi al Galatasaray, a Forlán lo mando para Milán y ya hemos vendido tol género. Voy a llamal a mis primos Quilón y Mendes, que seguro que me dejan el cuarto y mitad de futbolista a buen precio, nos repartimos unas "comisioncillas" y ya estamos listos para volver al ataque en el mercado invernal, que los churumbeles tienen que comer. En de vé lo fásil que se la cuela uno a la afición del Calderón, les traigo un poco de carnaza y ya están todos contentos e ilusionados.
Qué tiempos aquellos los de hace un año. El equipo Supercampeón de Europa y mis amiguetes los agentes me nombran mejor gestor del mercadillo. Como íbamos tan sobrados, pensé que a lo mejor podía vender a Jurado a los alemanes esos de Gensenquilche. El bueno de mi primo Enriquito Flores se sintió mu molesto porque disia que el zagal era mu importante para el equipo. Pero es que yo tenía que comprarle a mi Jeniffer una bichicleta y no llevaba suelto. El jambo para Alemania con su padrino Raúl y yo tan feliz con mis 13 kilitos.
Por Navidad mi Richal me pidió una Gamboy y como yo no andaba bien de los dineros llamé a mis amigos turcos para mandarles a Simao. El payo era mu buen chico, pero comía mucho, así que con lo que me ahorré en comida me dio para comprarle la Gamboy a mi niño. Como mi primo Enriquito se enfadó porque estaba corto de personal para descargal la flagoneta llamé a mi amigo Mendes, que me mandó un muchacho a "módico" precio. Sólo ocho millones me costó el Elías. Tenía experiencia colocando tumbonas en Copacabana así que montando y desmontando los andamios del puesto en el mercadillo no iba a tener rival. Además Jorge y yo nos repartimos unas jugosas comisiones y pude comprar unos regalitos para la familia.
La temporada no fue tan bien como esperábamos y encima la rubia esa tan sexy, la uruguaya, se enfadó con mi primo el Enriquito porque decía que le ponía los cuernos con un bajito argentino y su amigo el calé de Utrera. Ensima el verano empezaba con una mala noticia: Los señores jueces nos habían condenado a mis hermanos y a mi a devolver 100 millonés de na que le esquilmó mi papa al ayuntamiento de Marbiella. Pero eso yo lo arreglé en un periquete. Me dieron el teléfono de un tal Alex, un patriarca de un clan inglés muy rico. En cinco segundos llegamos a un acuerdo y para allá que le mandé a De Gea. El cachorro, que se crió en nuestra casa, se lo vendí por 20 millones. Luego llamé a mi amigo el Jeque del Manchester City, ese con el que firmé una Aliansa de Sivilisasiones que va a hacer temblar los cimientos de la tierra. Mi amigo árabe se llevó al pequeñito argentino por 42 milloncejos. El payo Florentino estaba como loco por llevarse al chico, pero yo me negué a negosial, que si se lo llego a vender los del Calderón me pegan una paliza. Ujfalusi a mis amigos turcos por 2,5 millones, Forlán a Moratti por 5 millones y ya sumo 70. Un poco más y ya casi tengo la deuda del papa pagada.
Al final mi primo Enriquito abandonó el puesto porque no estaba contento. Mi amigo Quilón me recomendó a Manzano, un gachó que ya trabajó con nosotros, muy bueno porque nunca protesta por nada. De paso me colocó a Gabi, que andamos cortos de personal. Como necesitaba melcansía llamé a mi primo Mendes. Jorge y su amigo Kenyon, que son mu güenos me regalaron la mitad de Falcao y yo solo tuve que pagar 20 millones. De paso me mandaron más genero, Miranda (el terror de los delanteros de la liga brasileña), Silvio (una ganga por sólo ocho millones), Pizzi (no confundil con Juan Antonio) y un tal Ruben Micael, que se lo presté a mi amigo Agapito Iglesias de Zaragoza, que el pobre no tiene pa' comel.
La verdad que el premio del año pasado lo tengo bien merecido. Después de todos los negocios he vuelto a traer mercancía de primera calidad: Courtois, Silvio, Miranda, Gabi, Turán, Adrián y Falcao. Estoy tratando que esos alemanes de la Vuslbagen me regalen a Diego, un chiquillo algo problemático, pero estos alemanes no ceden. No aceptan las escrituras de mi chalé de Los Ángeles de San Rafel como aval. Al final hemos hecho un equipo de campanillas y toda la "borregada" se rompe las manos a aplaudir en el Vicente Calderón. Cuando nos mudemos a la Peineta va a ser el no va más. Una vez más, he vuelto a triunfar.
Pónganle el acento que más les plazca: Máfia rusa, siciliana, taiwanesa o de Pernambuco. Algo parecido a lo que acaban de leer es lo que pasa por la cabeza del consejero delegado del Atlético de Madrid, Miguel Ángel Gil. La realidad es triste. Hace justamente un año De Gea; Ujfalusi, Godin, Perea, Domínguez; Assunçao, Raúl García, Reyes, Simao; Agüero y Forlán derrotaban brillantemente al Inter en la final de la Supercopa de Europa. Hoy seis de ellos no pertenecen al club y tres de los cinco restantes han tenido en algún momento el cartel de "transferible colgado". Abramos los ojos, el Atlético de Madrid se ha convertido en una agencia de compra-venta de jugadores. El Atleti ha muerto.
Pablo González.
miércoles, 25 de mayo de 2011
Los jugadores juegan donde quieren. Y si les bajas la cláusula, seguro
Ante las insistentes preguntas de los periodistas sobre la salida del argentino, a lo largo del año el presidente del Atlético de Madrid, Enrique Cerezo, repetía una y otra vez "los jugadores juegan donde quieren". Muy cierto, es difícil que un futbolista que desea y pide expresamente marcharse no lo consiga, pues si se queda la situación puede tensarse hasta extremos insospechados, y la mayoría de los clubes acaba cediendo para no quedarse con una patata caliente durante la temporada. Pero Cerezo, muy hábil a la hora de echar balones fuera, manipula la verdad. Y es que cuando se renovó a Agüero el año pasado, se le rebajó la cláusula de rescisión de 60 a 45 millones de euros. ¿Por qué si tienes a un jugador que está a gusto, que es tu emblema, que se ha convertido en estrella le rebajas la cláusula, poniéndoselo fácil al resto de equipos? Pues sencillo, porque tenían intención de verderlo.
El Kun ha sido muy querido por la afición, ha sido el mejor pagado de la plantilla con una ficha que rondaba los 6 millones de euros y auque esta temporada no ha levantado ningún título, sí lo hizo la pasada con la Europa League y la Supercopa de Europa. ¿Por qué, entonces, quiere marcharse el Kun? Pues porque después de cinco temporadas ve que su progresión en el equipo colchonero no da para más. Ve cómo el club en que juega se conforma, siendo el tercer equipo de España en títulos y aficionados, con quedar en una séptima posición indigna de un club de la historia del Atleti. Y sobre todo, se va, porque sus dirigentes quieren que se largue.
Es así de simple. Cerezo, presidente; y Gil Marín, consejero delegado; quieren la pasta por su traspaso y adiós muy buenas. Si no, como decía antes, no le rebajas la cláusula a tu estrella. ¿Alguien ve normal que si el Madrid renovara a Cristiano, le rebajara la cláusula de rescisión a 45 millones; o el Barça hiciera lo propio con Messi? No, porque Madrid y Barça quieren conservar a sus estrellas en busca del máximo rendimiento deportivo de sus entidades. El Atleti, por raro que pueda parecer, no. Cerezo y Gil, que se hicieron con el club de manera ilegal según el Tribunal Supremo, tienen al club como su coto privado con el que mercadear a placer y sacar toda la tajada posible con los fichajes. Por eso, en vez de hacer un equipo ganador y quedarse con aquellos jugadores que marcan diferencias y que pueden hacer ganar títulos, deciden venderlos al mejor postor y traer futblistas de medio pelo que saldrán por la puerta de atrás sin que nadie les eche de menos.
Lo fácil, es demonizar al Kun, montar la película de que es un mercenario, de que no se puede hacer nada por retenerlo. Sí que se puede: haciendo un proyecto serio, fichando bien y con perspectivas ambiciosas. Pero lo fácil es venderlo, y hacer el paripé de que "nos han pagado la cláusula y no se puede hacer nada". Lo mismo pasa con De Gea, portero criado en la cantera (aun con más valor que el Kun, pues encima es de la casa), al que van a vender al Manchester por 25 míseros millones de euros. A un chico que no tiene 20 años y que está llamado a ser el próximo portero titular de la Selección en cuanto Casillas cuelgue las botas. Pues para amansar a la afición, Gil Marín y Cerezo empiezan a intoxicar el ambiente con sus periodistas a sueldo, como Manolete, para poco menos que inocular en la afición la idea de que De Gea es una mierda de portero y que 25 millones es una pasta irrechazable. Lo peor es que más de uno, en vez de pedir la cabeza de Gil Marín y Cerezo, va y se lo cree.
Con esta perspectiva, ya me dirán qué futuro tiene el club rojiblanco para la próxima temporada. Es cierto que va a recibir una buena pasta por dos de sus estrellas, pero ya veremos cómo invierten ese dinero sus dirigentes. La afición en cualquier caso, no debería quedarse callada ante lo que es la enésima tomadura de pelo de sus dueños (¿alguien ha dicho Torres?).
Porque esa afición, no debería permitir que año tras año se juegue con sus ilusiones, que tengan que conformarse con un séptimo puesto y a seguir con la cantinela de "el pupas". Ya basta de permitir que dos señores se rían en su cara, y poco menos que haya que darles las gracias. El problema no es que el Kun quiera marcharse (con todo su derecho), sino que los que mandan no hagan nada por evitarlo, e incluslo le abaran las puertas y le pongan un lacito. Hay dos tumores que deben ser extirpados del Atlético de Madrid, son Gil Marín y Cerezo. Y cuanto antes mejor.
Dani Medina
miércoles, 23 de marzo de 2011
El derbi irlandés
Pese a todo, el deporte más popular en la Isla esmeralda es el rugby. El pasado sábado tocaba vivir el duelo más esperado y a la vez temido por un irlandés. Había que medirse a Inglaterra en la última jornada del Torneo Seis Naciones. Si los ingleses vencían se adjudicaban, además del torneo, el Gran Slam (que se logra al ganar los cinco partidos en disputa). Los irlandeses, cuyas 4 provincias juegan con la misma camiseta (pese a que Irlanda del Norte pertenece al Reino Unido) y bajo el Ireland's call (la canción que interpretan al inicio), consiguieron mitigar la machada inglesa empleando su fortaleza desde el inicio. Al descanso ya aplastaban a la pérfida Albión con un contundente 17-3 y, al final del partido, el marcador se apagó con un tanteo de 24-8. Un resultado que se celebró a la altura de un título. Huelga decir que los pubs de la ciudad de Cork estaban abarrotados. Se instalaron pantallas grandes, se reforzó la decoración con motivos irlandeses (banderitas, tréboles, abalorios que pululaban tras el reciente día de San Patricio), todo envuelto en una atmósfera iluminada por cañones de color verde. Tras el acontecimiento, tocaba volver a terreno conocido. La Liga, nombre que identifica a nuestro campeonato en el extranjero (como ocurre con la Premier o el Calcio), deparaba en primer lugar un Barcelona-Getafe y, a continuación, el gran derbi madrileño: Atlético de Madrid-Real Madrid. La victoria de los azulgrana por 2-1 se cerró sin demasiados alicientes, a excepción del golazo de Dani Alves. En realidad, un servidor tenía sus miras puestas en lo que estaba por venir.
Los encuentros, seguidos desde el pub Old Oak, declarado peña barcelonista en Cork con banderas y bufandas en sus paredes, fueron televisados por Sky Sports. Los comentarios corrían a cargo de Quinton Fortune, ex del Atlético, y Marcelino Elena, ex del Mallorca, ambos viejos conocidos en la liga inglesa. Me encanta el modelo de cobertura de los partidos por parte de esta cadena. La narración la lleva a cabo un periodista y sólo en ocasiones interviene algún comentarista desde plató. El narrador aporta descripciones muy contadas y precisas de la acción, incluye pausas (recuerdo una de 5 o 6 segundos), que en nuestro país son inimaginables, y además sabe darle la emoción requerida en los momentos álgidos. Al principio, en el descanso y al final el peso lo lleva un moderador desde el estudio con los dos ex futbolistas. Sencillo y eficaz, sin florituras.
Siempre tendí a pensar que un Atlético-Real Madrid, o Real Madrid-Atlético, era la mejor disputa en toda Europa respecto a equipos de la misma ciudad (sé que un Milán-Inter está en posesión de esa distinción para la mayoría). La rivalidad histórica y el número de títulos que ambos contendientes atesoran así lo respalda. Desde niño, he vivido estos partidos como los más importantes del año, y no porque una victoria suponga salvar la temporada para los rojiblancos. Eso sólo cabe en la cabeza de los que ni entienden ni conocen lo que ha sido este club, que siempre disputaba la liga hasta el final y cuando no era primero acababa segundo. El Barça aún no había explotado. Por el contrario, estos duelos alcanzan la altura emocional de lo puede deparar un Irlanda-Inglaterra: ganarle al maximo rival, al enemigo primigenio con el que convives a diario y que te ha agraviado en tantas ocasiones. Ello supone una satisfacción irremplazable sólo comprensible para los más apasionados por este deporte y que comparten la ensoñación que lo rodea. En nuestra juventud, que el Atleti ganara al Madrid suponía un mayor alivio ante la vuelta a clase de los lunes, cuando la mayoría madridista se veía obligada a esconder sus vaciles hasta días venideros. La rivalidad con los años se mantiene, pero el transcurrir del tiempo y las nuevas circunstancias han obligado a los atléticos a escudarse en un completo escepticismo. Me he impuesto a mí mismo no esperar nada de estos partidos, no hacerme a la idea de que esta vez será distinto. ¿Por qué debería, si las diferencias entre ambos clubes no han hecho más que aumentar progresivamente? En el fútbol cualquiera te puede ganar y tú puedes ganar a cualquiera, pero la sensación de complejo e impotencia que transmite el Atlético desde el minuto 1 de un derbi no se disipa a cada nueva temporada.
Estos partidos siguen siempre esquemas similares. El Madrid se adelanta pronto, el Atleti falla durante el resto del tiempo todo lo fallable, y los blancos llegan en una y sentencian. Eso en el mejor de los casos, porque en otras ocasiones los merengues controlan el tempo del partido de cabo a rabo y el Atleti no huele el balón. Los colchoneros apenas han podido rascar algunos empates en los últimos 12 años, y curiosamente han sido más los puntos en el Bernabéu que en el Calderón. No negaré lo evidente: para un atlético, esta situación resulta frustrante. Ni siquiera en los más recientes tiempos de bonanza (el año del doblete) el regocijo fue completo, pues se perdieron los dos derbis directos. Recuerdo perfectamente la última vez que el Atleti ganó al Madrid en liga. Lo vi en mi casa de la sierra de Madrid. Otoño de 1999. Fue el partido del sábado por la noche. Resultado: 1-3. Después del tercer gol de Hasselbaink me abracé a mi padre y mi hermano. Al día siguiente, grabé el resultado en la arena de nuestro antiguo campo de fútbol (área que alberga actualmente varios chalets unifamiliares). Un 1 grande, un guión y un 3 grande. Quizá ese gesto representa lo que supone para un atlético ganarle al eterno rival. Un día grande, que queremos plasmar en la tierra del mismo modo en que permanece alojado en la memoria, y que tarde o temprano volveremos a vivir.




